Quiénes somos · Nuestro nombre

Guy Pérez Cisneros

París, 1915 – La Habana, 1953. Diplomático, crítico de arte y jefe de la delegación de Cuba en la Asamblea General que aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Ciudadanía y Libertad, Centro para la Promoción de los Derechos Humanos Guy Pérez Cisneros, lleva su nombre.

Sala de la Asamblea General de la ONU en el Palacio de Chaillot, París, 1948
La Asamblea General reunida en el Palacio de Chaillot, París, donde Cuba intervino el 10 de diciembre de 1948. UN Photo/Marvin Bolotsky.
10 · XII · 1948Interviene ante la Asamblea General en el Palacio de Chaillot, en la sesión de la mañana (181.ª plenaria), horas antes de la votación.
48 – 0 – 8Esa noche la Declaración Universal queda aprobada: 48 votos a favor, ninguno en contra, 8 abstenciones. Cuba vota a favor.
33 añosEdad con la que habla en nombre de uno de los tres primeros Estados que presentaron un proyecto completo de carta de derechos.

Quién fue

Guy Pérez Cisneros y Bonnel nació en París el 7 de junio de 1915, hijo del pintor y cónsul cubano Francisco Pérez Cisneros y de Paule Bonnel, nacida en Toulouse. Estudió en España y Francia, donde obtuvo el bachillerato con honores en literatura, y a los dieciocho años, tras la muerte de su madre, se instaló en La Habana con su padre y sus hermanos. Ingresó en el Ministerio de Estado en 1934 y se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, con una tesis sobre la pintura en Cuba desde el siglo XVI hasta mediados del XIX, publicada póstumamente como Características de la evolución de la pintura en Cuba (1959).

Fue, al mismo tiempo, uno de los críticos de arte más influyentes de su generación y uno de los primeros historiadores del arte cubano. Compañero de José Lezama Lima desde la universidad, participó con él en las revistas Verbum, Espuela de Plata y Orígenes; publicó Presencia de ocho pintores (1937); fue secretario general del Instituto Nacional de Artes Plásticas y organizó exposiciones de la vanguardia cubana. Murió inesperadamente en La Habana el 2 de septiembre de 1953, a los treinta y ocho años, mientras compilaba las memorias del Congreso de Escritores Martianos, del que era subsecretario general.

Periodistas trabajando en el Palacio de Chaillot durante la Asamblea General de 1948
La prensa internacional en el Palacio de Chaillot durante el tercer período de sesiones, otoño de 1948. UN Photo/Marvin Bolotsky.

Su labor como diplomático

Su carrera lo llevó a la Comisión Cubana de Cooperación Intelectual (1937), a la jefatura interina de la Oficina de la Sociedad de Naciones del Ministerio de Estado (1939), a la Conferencia de San Francisco de la que nació la ONU y a la secretaría general de la delegación cubana ante la Comisión Preparatoria de las Naciones Unidas (1945-1946), a la conferencia preparatoria de la UNESCO en Londres (1945), a la relatoría sobre territorios no autónomos en la Asamblea General (1947) y a la Novena Conferencia Interamericana de Bogotá (1948), donde se aprobó la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y la delegación cubana asumió la ponencia del documento. Fue delegado de Cuba ante la Asamblea General en los períodos de sesiones de 1948 y 1949, miembro de la Comisión Cubana de la UNESCO desde 1949 y delegado ante el Consejo Económico y Social en 1952 y 1953.

Los cubanos que ayudaron a escribir la Declaración

La participación cubana no empezó en París. En febrero de 1945, en la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz celebrada en Ciudad de México, la delegación cubana presentó, a través del jurista Gustavo Gutiérrez, un proyecto de «Declaración de los derechos y deberes internacionales del individuo», que volvió a presentar meses después en San Francisco. El acta de la 180.ª sesión plenaria recuerda que la División de Derechos del Hombre de la Secretaría inició sus trabajos estudiando los proyectos presentados por las delegaciones de Panamá, Chile y Cuba. El primer proyecto de resolución que sirvió de base a la Declaración, como el propio Pérez Cisneros recordó a la Asamblea, fue el presentado por la delegación cubana, obra del profesor Ernesto Dihigo, de la Universidad de La Habana. En Bogotá, en la primavera de 1948, la delegación cubana llevó la ponencia de la Declaración Americana, el primer texto internacional de derechos humanos, aprobado siete meses antes que el universal.

En la Tercera Comisión de la Asamblea General, que debatió el texto artículo por artículo durante el otoño de 1948, Cuba propuso al senador haitiano Émile Saint-Lot como relator y presentó numerosas enmiendas. Según el acta oficial, por propuesta cubana la Comisión incorporó disposiciones esenciales de la Declaración de Bogotá; acogió dos enmiendas cubanas que reconocen el derecho de toda persona a seguir libremente su vocación y a recibir una remuneración equitativa y satisfactoria que asegure a ella y a su familia una existencia conforme a la dignidad humana; e incluyó, a propuesta de Francia, México y Cuba, la protección de los intereses morales y materiales de científicos, artistas y escritores. La delegación cubana logró además inscribir la protección de la honra y celebró que el texto condenara la discriminación racial y reconociera la igualdad del hombre y de la mujer.

El derecho a rebelarse contra la tiranía

La aportación cubana más duradera está en el preámbulo. Su tercer considerando proclama que los derechos humanos deben ser protegidos por un régimen de derecho para que nadie se vea obligado a rebelarse contra la tiranía. Pérez Cisneros reclamó para su delegación el honor de haber inspirado la forma definitiva de ese párrafo, que recoge el espíritu del artículo 40 de la Constitución cubana de 1940, el que reconoce la resistencia adecuada para la protección de los derechos garantizados. Leído hoy, aquel párrafo que Cuba peleó por incluir suena a premonición de lo que vendría después.

«Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión.»Declaración Universal de Derechos Humanos, preámbulo, tercer considerando

«Le corresponde a mi delegación el honor de haber inspirado la forma definitiva de uno de los Considerandos […]. Así queda inscrito, en esta Declaración, el espíritu de uno de los Artículos de la Constitución cubana que confiere el derecho de resistencia adecuada contra tales desmanes arbitrarios.»Guy Pérez Cisneros, París, 10 de diciembre de 1948

El discurso del 10 de diciembre de 1948

Pérez Cisneros habló como jefe de la delegación cubana en la sesión de la mañana, la 181.ª plenaria, en la que también intervinieron los representantes de Australia, Países Bajos, Checoslovaquia, Reino Unido, México, Uruguay, Islandia y Brasil. El acta oficial resume su intervención: recordó que Cuba había presentado el primer proyecto que sirvió de base a la Declaración; elogió los esfuerzos de la Comisión de Derechos del Hombre y de su presidenta, Eleanor Roosevelt; afirmó que el texto expresa «en términos excepcionalmente claros y precisos las aspiraciones más nobles del hombre del siglo veinte»; y enumeró las aportaciones cubanas. El texto íntegro, conservado por su familia y publicado por su hijo Pablo Pérez-Cisneros, añade lo que el acta resume: el homenaje a Haití, «tierra en la cual el gran Bolívar halló a la vez estímulos morales y ayuda material»; el orgullo de representar al país del Manifiesto de Montecristi; y el cierre con la fórmula martiana que define la república a la que Cuba aspiraba.

«Esta declaración marcará el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfrutarán de las libertades de palabra, de creencia y de opinión.»Acta oficial de la 181.ª sesión plenaria, A/PV.181

El PDF, elaborado por Ciudadanía y Libertad, reúne el acta oficial de las Naciones Unidas (A/PV.181), el texto íntegro del discurso y el acta de la votación (A/PV.183), con notas y fuentes.

Leer el discurso completo

Señor Presidente, señores delegados:

Cuba no podía dejar de figurar en el coro de países que en esta Tercera Asamblea General de las Naciones Unidas desean celebrar, desde la más importante tribuna del mundo, la realización, ya muy próxima, de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Al efecto, fue por iniciativa cubana que, desde las primerísimas sesiones de la Asamblea General en Londres, se le encomendó al Consejo Económico y Social la ardua tarea de elaborar un documento de tan larga trascendencia. Y en esta oportunidad, sentimos verdadero orgullo al recordar que el primer proyecto, muy modesto, depositado oficialmente para servir de base a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, lo fue por el Dr. Ernesto Dihigo, eminente profesor de la Universidad de La Habana, y miembro de la delegación de Cuba.

Hoy, aquella iniciativa, madurada gracias a los brillantes trabajos de la Comisión de los Derechos del Hombre, alcanza su resultado definitivo, que fue presentado con tanto talento por el ilustre Relator de la Tercera Comisión, el senador haitiano señor [Émile] Saint-Lot, y por su presidente el señor [Charles] Malik, ministro del Líbano en La Habana, por quien sentimos tanta admiración y tanto afecto. Séame permitido añadir que ha sido para Cuba una honda satisfacción este hecho de ser un haitiano el portador frente a la humanidad del más valioso mensaje de las Naciones Unidas, porque no puede dejarse de reconocer que Haití es precisamente de aquellas tierras privilegiadas cuya historia entera se caracteriza por un esfuerzo heroico y constante por defender y dar vigencia a los derechos del hombre.

La delegación de Cuba agradece a la Tercera Asamblea haber acogido con calor su propuesta de designar como Relator para la Comisión de los Derechos Humanos al señor Saint-Lot. Como pueblo de la América de habla española, Cuba se siente orgullosa de haber delegado para el informe de la Tercera Comisión en un destacado hijo de un país americano de lengua francesa, de Haití, tierra en la cual el gran Bolívar, nuestro Bolívar, halló a la vez estímulos morales y ayuda material para lograr su gran obra de liberación y de libertad.

Mi delegación, en estos momentos de alegría en que a cada uno debe dársele lo suyo, tiene el deber de reconocer la labor de gran mérito de la Comisión de los Derechos del Hombre, que trabajó incansablemente durante dos años bajo la inspiradora presidencia de Mrs. Roosevelt y que redactó en verdad un valioso proyecto de documento que expresaba con belleza y con fuerza la aspiración más elevada del hombre del siglo XX: el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencia.

Otro de los documentos históricos que inspiró las labores de la Tercera Comisión fue la Primera Declaración de los Derechos y Deberes del Hombre aprobada internacionalmente por los pueblos americanos en Bogotá. Mi delegación, a quien le cupo el honor en la capital de la hermana república de Colombia de asumir la responsabilidad de la ponencia de aquel documento, se hizo un deber de presentar y defender ante las Naciones Unidas los más valiosos aspectos de aquel precioso texto y puede afirmar ahora, con toda sinceridad, que las Naciones Unidas han sabido recoger todos los puntos esenciales con los cuales el documento de Bogotá podía enriquecer el proyecto del Consejo Económico y Social.

Sobre este aspecto de nuestras labores, no podemos dejar de mencionar que fue gracias al tesonero esfuerzo y al gran poder de convicción del delegado de México, doctor Campos Ortiz, que la Tercera Comisión agregó a su texto original el importante artículo 9, inspirado en el derecho de amparo mexicano y que es el único texto de la Declaración que garantiza, en el campo nacional, el efectivo respeto de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución y por la ley.

Dentro de un mismo orden de ideas, le corresponde a mi delegación el honor de haber inspirado la forma definitiva de uno de los Considerandos, que reconoce esencial que los derechos del hombre sean protegidos por un régimen de derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión. Así queda inscrito, en esta Declaración, el espíritu de uno de los Artículos de la Constitución cubana que confiere el derecho de resistencia adecuada contra tales desmanes arbitrarios. Y este Considerando es, además, un homenaje a Francia, tributado por mi país, que tanto admiro y que siguió, como lucha propia, las etapas de su gloriosa «résistance».

Nos es grato comprobar que, en la Declaración, los derechos sociales, que son el principal aporte del siglo XX en esta materia, así como los derechos jurídicos lo fueron del siglo XIX, quedaron tratados con toda la importancia que merecen, y le queremos expresar a las Naciones Unidas nuestro agradecimiento por haber acogido favorablemente textos inspirados por dos enmiendas cubanas que reconocen, en el campo del trabajo, el derecho de seguir libremente su vocación, y también el derecho que ha de tener todo trabajador de recibir una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana, y que sea completada de ser necesario por cualesquiera otros medios de protección social.

No podrá tampoco olvidar mi delegación la acogida que recibió otra de sus iniciativas por parte de las Naciones Unidas: la de inscribir en la Declaración el derecho a la protección de la honra, elevadísimo concepto moral tan enraizado en toda alma de estirpe española. Y no nos es posible silenciar que gracias al esfuerzo conjunto de Francia, México y Cuba, se le reconoció de manera definitiva a aquellos que pertenecen a la única aristocracia legítima, me refiero a los creadores, ya sean artistas, literatos o bien científicos, el derecho a la protección de sus intereses morales y materiales, que les corresponden por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autor.

No nos corresponde por el momento subrayar otros aspectos importantes de la Declaración, que tanto valor le dan. Pero no silenciaré que mi país y mi pueblo están altamente satisfechos al ver que de manera tan rotunda se ha condenado para siempre la odiosa discriminación racial y las injustas diferenciaciones entre hombres y mujeres.

La delegación de Cuba vaciló muchas veces antes de presentar sus numerosísimas enmiendas al proyecto de la Declaración de los Derechos del Hombre. Sin embargo, en definitiva entendió que ese afán de perfección y esa severidad crítica eran uno de sus deberes, ya que tenía el derecho de ser muy exigente en un asunto de esta índole una delegación que representa a un país que tiene el orgullo de haber producido el Manifiesto de Montecristi, una de las más generosas y humanas declaraciones de los derechos y deberes del hombre que haya presidido al nacimiento de una nación.

Y creo a bien, señor Presidente y señores delegados, que los miembros de la delegación cubana se sienten hondamente conmovidos cuando, al recorrer los Artículos de la importante Declaración que vamos a aprobar dentro de unos minutos, pueden reconocer que todos sus pasajes podrían haber sido aceptados por aquel generoso espíritu que fue el Apóstol de nuestra independencia, José Martí, el héroe que al hacer de su patria una nación, le fijó para siempre esta generosa norma: «Con todos y para el bien de todos».

Texto según el original conservado por la familia Pérez-Cisneros, publicado en Vitral (n.º 6, 1995) y reproducido por CubaNet y el Centro de Estudios Convivencia. Los nombres entre corchetes restituyen los que la transcripción recogió de forma defectuosa.

Aquel día en imágenes

El Palacio de Chaillot, construido para la Exposición Internacional de 1937, acogió de septiembre a diciembre de 1948 el tercer período de sesiones de la Asamblea General. Las fotografías del archivo de las Naciones Unidas muestran la tribuna desde la que hablaron, el mismo 10 de diciembre, Pérez Cisneros y los grandes nombres de la Declaración.

Imágenes del archivo de UN Photo reproducidas con fines educativos y sin ánimo de lucro, conforme a sus directrices de uso. Ciudadanía y Libertad ha solicitado a las Naciones Unidas y a la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami las copias de archivo, el retrato de Guy Pérez Cisneros y la grabación sonora de su intervención, que se incorporarán a esta página en cuanto se reciban.

Un legado que quisieron borrar

La Cuba posterior a 1959 borró este capítulo de su historia. El nombre de Guy Pérez Cisneros desapareció de los manuales, su intervención en París no se enseña en las escuelas y el Estado que hoy incumple uno por uno los artículos de la Declaración no reconoce que fueron cubanos quienes ayudaron a escribirlos. Ese silencio no es casual: recordar que Cuba defendió en 1948 el derecho de las personas a no verse compelidas a la rebelión contra la tiranía es recordar de dónde venimos y medir cuánto se ha perdido.

Ciudadanía y Libertad lleva su nombre para rescatar esa historia. Recuperar a Pérez Cisneros es recuperar la tradición humanista de la república, anterior a 1959 y ajena a cualquier tutela, en la que los derechos no eran una concesión del poder sino el fundamento de la nación que Martí definió «con todos y para el bien de todos». Esa tradición es el camino del país que queremos construir, y cada informe que la organización presenta en Ginebra o en Nueva York la prolonga ante los mismos mecanismos a los que él contribuyó a dar forma.

«Con todos y para el bien de todos.»José Martí, Tampa, 1891. Palabras con las que Pérez Cisneros cerró su intervención

Nota sobre las fuentes. Las actas de las sesiones plenarias de 1948 son actas resumidas, redactadas en estilo indirecto. Las citas atribuidas al acta oficial proceden del documento A/PV.181 en español; las frases literales del discurso, del texto íntegro conservado por la familia Pérez-Cisneros. Varias fuentes sitúan la intervención en la 183.ª sesión; el acta oficial la registra en la 181.ª.

Fuentes

  1. Naciones Unidas, Asamblea General, tercer período de sesiones, Actas oficiales: 180.ª sesión plenaria (9 de diciembre de 1948, A/PV.180); 181.ª (10 de diciembre, mañana, A/PV.181); 182.ª (10 de diciembre, tarde, A/PV.182); 183.ª (10 de diciembre, noche, A/PV.183).
  2. Biblioteca Dag Hammarskjöld, Universal Declaration of Human Rights: Drafting history — Plenary meetings.
  3. Cuban Heritage Collection, University of Miami Libraries, Guy Pérez-Cisneros Papers (CHC 5008).
  4. Pérez-Cisneros, Guy, «Discurso de presentación a votación del proyecto de Declaración Universal de los Derechos del Hombre», París, 10 de diciembre de 1948; en Vitral, n.º 6, 1995; CubaNet, Documentos; Centro de Estudios Convivencia, «La Declaración Universal de los Derechos Humanos: una iniciativa cubana», 16 de diciembre de 2018. Versión inglesa en The Miami Herald, 10 de diciembre de 1998.
  5. Alenmichel Aguiló Queijeiro, «Hoy escucharemos a Guy Pérez-Cisneros…», Árbol Invertido, 8 de enero de 2016.
  6. Cuba Center, «The continuing relevance and importance of the Universal Declaration of Human Rights at 75, and the role played by Cubans in the 1940s», 10 de diciembre de 2023.
  7. Freedom House, «Can Cuba’s human rights legacy be recovered?».
  8. Notes from the Cuban Exile Quarter, «Cuba and the 1948 origins of the Universal Declaration of Human Rights», diciembre de 2018.
  9. UN Photo, Naciones Unidas: UN7479050, UN7479052, UN7694356, UN7694360, UN7694362, UN7738824, UN7757722.